Viael miró maravillado el paisaje que tenía ante él. Un paisaje escarpado, de negras rocas puntiagudas y montañas al fondo. Sobre ellas se arremolinaban nubes de gases que al rozar unas con otras, provocaban chispas de electricidad y destellos de luz.
Sintió de repente cómo su compañero se abalanzaba sobre él, deseoso de volver a abrazarle, con tanto ímpetu que le tiró al suelo. Con severidad, le apartó de él y le obligó a contemplar la vista, sujetándole la cabeza. Ante la confusión de su amigo, Viael aprovechó para echar a correr.
No sabía si le emocionaban más los paisajes que iba descubriendo o el reto de tener que correr y saltar sobre ellos. De vez en cuando se paraba a esperar al otro, cuyas habilidades atléticas, si bien no eran malas, no podían compararse con las suyas. Pero Viael nunca se dejaba alcanzar.
Observó con sopresa una fuerte luz en el horizonte. Conforme se acercaba notó un intenso calor. En la cara iluminada del planeta la temperatura era tan inhabitable por alta como por baja lo era en la cara oscura. Afortunadamente, ellos no eran humanos, y lo que a una persona normal le hubiera provocado una deshidratación instantánea, para ellos solamente fue otra emocionante sensación nueva.
Mientras corría a toda velocidad, Viael encontró un gran abismo, una grieta que mediría varios kilómetros de ancho. Pero Viael no tenía ganas de pararse en ese momento. Dio un prodigioso salto, y en su culmen, extendió sus alas y planeó hasta el otro borde.
Su compañero le miraba atónito. Contento con su nueva habilidad, aunque por algún motivo no tan sorprendido como cabría esperar, Viael voló hacia su amigo, le tomó de las axilas, le levantó por los aires y le dejó caer desde una gran altura, pues pensaba que su compañero solamente aprendería cuando tuviera la necesidad.
Éste lo único que pudo hacer es extender sus brazos, piernas y alas para frenar la caída y hacerla menos dolorosa. Pero Viael no le dejó reponerse. Le volvió a coger, a levantar y a soltar. Y lo estuvo repitiendo, para desesperación del otro, hasta que fue capaz de mantenerse en el aire por sí mismo. Entonces Viael volvió a tierra y se puso a correr.
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martes, 13 de noviembre de 2007
lunes, 12 de noviembre de 2007
Movimiento
Viael andó, saltó, corrió. Las habilidades para desplazarse que estaba aprendiendo le resultaban muy emocionantes, después de tantísimo tiempo durante el que no podía cambiar su rumbo. Ahora podía ir donde quisiera, y se preguntó que habría fuera del enorme cráter en el que estaban.
Comenzó a moverse hacia los límites de esa zona, pero en un momento giró la vista y vio a su compañero. Le miraba con ojos compungidos y trataba de alargar la mano hacia él. Aprendió sobre la empatía al descubrir que cuando quien había sido su acompañante sentía dolor, era también doloroso para él mismo.
Por ello volvió hasta él, le tomó de los brazos y le sujetó hasta obligarle a quedarse de pie. Después le movió las piernas, pero su aprendiz no era capaz de repetir los movimientos por él mismo y se caía. Repitió la operación varias veces, pero siempre con el mismo resultó. A Viael le resultaba muy enervante, ¿cómo era posible que el otro no pudiera hacer aquello que él había aprendido con tanta naturalidad? Comprendió que así no conseguiría nada, así que se dio la vuelta y comenzó a alejarse. Lentamente.
Volvió la vista y vio la angustia con que le miraba. Sintió dolor, pero decidió seguir adelante. La siguiente vez que giró la vista vio que el otro, tembloroso, trataba de mover los pies para imitar sus movimientos. Parecía que estaba funcionando, así que Viael siguió adelante. Después de muchos pasos en falso, y alguna caída, su compañero comenzó a andar tras él.
Conforme su perseguidor iba ganando habilidad, Viael aceleraba su paso. Sabía que esto sería frustrante, pero era la única forma de enseñarle. Después los difíciles momentos iniciales, se encontraron corriendo uno delante de otro.
Así hasta que Viael subió al borde del cráter.
Comenzó a moverse hacia los límites de esa zona, pero en un momento giró la vista y vio a su compañero. Le miraba con ojos compungidos y trataba de alargar la mano hacia él. Aprendió sobre la empatía al descubrir que cuando quien había sido su acompañante sentía dolor, era también doloroso para él mismo.
Por ello volvió hasta él, le tomó de los brazos y le sujetó hasta obligarle a quedarse de pie. Después le movió las piernas, pero su aprendiz no era capaz de repetir los movimientos por él mismo y se caía. Repitió la operación varias veces, pero siempre con el mismo resultó. A Viael le resultaba muy enervante, ¿cómo era posible que el otro no pudiera hacer aquello que él había aprendido con tanta naturalidad? Comprendió que así no conseguiría nada, así que se dio la vuelta y comenzó a alejarse. Lentamente.
Volvió la vista y vio la angustia con que le miraba. Sintió dolor, pero decidió seguir adelante. La siguiente vez que giró la vista vio que el otro, tembloroso, trataba de mover los pies para imitar sus movimientos. Parecía que estaba funcionando, así que Viael siguió adelante. Después de muchos pasos en falso, y alguna caída, su compañero comenzó a andar tras él.
Conforme su perseguidor iba ganando habilidad, Viael aceleraba su paso. Sabía que esto sería frustrante, pero era la única forma de enseñarle. Después los difíciles momentos iniciales, se encontraron corriendo uno delante de otro.
Así hasta que Viael subió al borde del cráter.
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domingo, 11 de noviembre de 2007
Tierra firme
Se movieron por el Universo siempre en la misma dirección, hasta que a partir de cierto momento notaron que su rumbo se alteraba. Era como si una mano invisible les agarrara y tirase de ellos violentamente. Viael miró y vio como algo de forma redonda y tamaño descomunal se precipitaba contra ellos.
Esta vez el impacto sí fue muy brusco y doloroso, pues se produjo a una gran velocidad. Tanto que aquel gran cuerpo se deformó, apareciendo en él un enorme cráter. En cuanto a los dos compañeros, sus cuerpos se aplastaron y quedaron destrozados, separados el uno del otro. Afortunadamente, ambos tenían una maravillosa capacidad para sobreponerse a eso y a mucho más, y sanaron en no demasiado tiempo.
Cuando Viael se hubo recobrado comprobó que estaba pegado a la gran bola. Trató de moverse y rodó, pero siempre había una gran fuerza que le empujaba hacia el centro. Sintió el contacto de la roca y no le resultó desagradable, pero no podía compararse al contacto con alguien vivo. Giró sobre sí mismo y terminó por vislumbrar a su compañero. Vio que estaba a una gran distancia, y sintió una gran angustia.
Empezó a contorsionarse y descubrió que así podía acercarse, muy poco a poco a su único amigo. Mientras hacía esto, se dio cuenta de que podía usar las piernas y los brazos para gatear. Por último, vio que podía ir a mayor velocidad si únicamente mantenía los pies pegados a la roca.
Cuando llegó, su compañero le miraba con sorpresa y alegría en el rostro. Viael se dio cuenta de que aquel era diferente a la imagen que vio cuando por primera vez se acercaron. Su cuerpo era más grande, y tenía una forma ligeramente diferente. Y el cabello era bastante más largo. No obstante, cuando le tocó supo que se trataba del mismo. Era extraño, pero los cuerpos de ambos habían cambiado y aumentado de tamaño durante todo el tiempo desde que se conocieron.
Se abrazaron. Y estuvieron un tiempo así, pero dentro de Viael crecía una inquietud que no le permitió pasar la eternidad de esa forma. Aquel pequeño viaje desde donde había caído hasta donde estaba ahora le había hecho cambiar mucho más profundamente de lo que cabría esperar, y entendió que el Universo y la vida no podían reducirse a un sólo ser.
No sin esfuerzo ni sin dolor, Viael se separó y comenzó a practicar su recién aprendida habilidad de andar.
Esta vez el impacto sí fue muy brusco y doloroso, pues se produjo a una gran velocidad. Tanto que aquel gran cuerpo se deformó, apareciendo en él un enorme cráter. En cuanto a los dos compañeros, sus cuerpos se aplastaron y quedaron destrozados, separados el uno del otro. Afortunadamente, ambos tenían una maravillosa capacidad para sobreponerse a eso y a mucho más, y sanaron en no demasiado tiempo.
Cuando Viael se hubo recobrado comprobó que estaba pegado a la gran bola. Trató de moverse y rodó, pero siempre había una gran fuerza que le empujaba hacia el centro. Sintió el contacto de la roca y no le resultó desagradable, pero no podía compararse al contacto con alguien vivo. Giró sobre sí mismo y terminó por vislumbrar a su compañero. Vio que estaba a una gran distancia, y sintió una gran angustia.
Empezó a contorsionarse y descubrió que así podía acercarse, muy poco a poco a su único amigo. Mientras hacía esto, se dio cuenta de que podía usar las piernas y los brazos para gatear. Por último, vio que podía ir a mayor velocidad si únicamente mantenía los pies pegados a la roca.
Cuando llegó, su compañero le miraba con sorpresa y alegría en el rostro. Viael se dio cuenta de que aquel era diferente a la imagen que vio cuando por primera vez se acercaron. Su cuerpo era más grande, y tenía una forma ligeramente diferente. Y el cabello era bastante más largo. No obstante, cuando le tocó supo que se trataba del mismo. Era extraño, pero los cuerpos de ambos habían cambiado y aumentado de tamaño durante todo el tiempo desde que se conocieron.
Se abrazaron. Y estuvieron un tiempo así, pero dentro de Viael crecía una inquietud que no le permitió pasar la eternidad de esa forma. Aquel pequeño viaje desde donde había caído hasta donde estaba ahora le había hecho cambiar mucho más profundamente de lo que cabría esperar, y entendió que el Universo y la vida no podían reducirse a un sólo ser.
No sin esfuerzo ni sin dolor, Viael se separó y comenzó a practicar su recién aprendida habilidad de andar.
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